Patricia es nombre de mujer; en este relato es nombre “ficticio” y aunque lo que está viviendo parece una “ficción”, su vida es para sentirla en “carne y hueso”.

Patricia es mujer; mujer como yo, y madre, también como yo, o como tú. Lucha por el porvenir de sus tres hijos que quedaron al cargo de la abuela allá en Colombia. El papá se bebió los dineros que ella enviaba todos los meses trabajando de interna en la casa de unos señores en Valencia. Después, él se fue.
Ella quedó sin trabajo, pues no pudieron seguir costeando sus servicios. Durante mucho tiempo buscó otras casas donde limpiar, pero ya no quedaron más sitios donde preguntar. Ya pasó el tiempo y Patricia no pudo renovar su permiso de trabajo y con ello, quedó sin residencia, sin lugar, sin papeles. Ahora Patricia ya es “ilegal”. Ya no puede costear los estudios de sus hijos, ni enviar dinero a su mamá para los gastos, tampoco ella puede pagar el alquiler de la habitación donde malvive en el “Barrio Chino” de Valencia. Pero ella no cuenta nada; su tristeza para ella, sólo amor para sus hijos.
Ella quedó sin trabajo, pues no pudieron seguir costeando sus servicios. Durante mucho tiempo buscó otras casas donde limpiar, pero ya no quedaron más sitios donde preguntar. Ya pasó el tiempo y Patricia no pudo renovar su permiso de trabajo y con ello, quedó sin residencia, sin lugar, sin papeles. Ahora Patricia ya es “ilegal”. Ya no puede costear los estudios de sus hijos, ni enviar dinero a su mamá para los gastos, tampoco ella puede pagar el alquiler de la habitación donde malvive en el “Barrio Chino” de Valencia. Pero ella no cuenta nada; su tristeza para ella, sólo amor para sus hijos.

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